Correr descalzo. Aspectos a tener en cuenta

Correr descalzo. Aspectos a tener en cuenta

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Cuando empiezas a tomarte en serio la posibilidad de correr descalzo y te aproximas al tema ya bien sea usando calzado minimalista, realizando ejercicios de acondicionamiento muscular o directamente saliendo a practicarlo, vives situaciones nuevas y percibes sensaciones diferentes que no siempre surgen ni llegan desde los pies.

Hay que contextualizar que el hecho de tener la voluntad de despertar los pies implica cierto grado de soledad, reflexión y aprendizaje. Soledad porque es un ejercicio de redescubrimientoy reeducación personal que nadie puede hacer por ti y que, por suerte o por desgracia, funciona en gran medida por sensaciones. Aprendizaje porque es una técnica que hemos descuidado y olvidado hasta el punto de sólo recordarla por nuestra herencia genética. Y reflexión porque por mucho que lees y teorizas sobre ello tienes que asimilarlo y adaptarlo en base a tu propia condición física, a tu experiencia y a tu cuerpo.

Hace un tiempo Jason de The Running Barefoot redactó un artículo titulado Algunas verdades tabú sobre correr descalzo (Some Taboo Truths About Barefoot Running). Me sentí muy identificado con algunas de ellas así que las juntaré con otras experiencias propias y sin ningún orden en particular. Además no están todas las que son y voluntariamente he dejado temas y aspectos sin comentar para hacer de este artículo nuestro paño de lágrimas grupal.

Correr descalzo. ¿Qué tenemos que tener en cuenta?

  1. Las plantas de los pies son zonas muy sensibles. En efecto, se estima que las plantas de los pies tienen tantas terminaciones nerviosas como los genitales, los labios o la piel de la cara. Esta es la base de la reflexología podal cuya justificación es perfectamente científica. Preparaos para un inacabable fluir de nuevas transmisiones nerviosas entre los pies y la cabeza. Mucha información que el cerebro tiene que aprender a procesar poco a poco. Es imprescindible que esta adaptación sea paulatina por lo que deberéis hacer acopio de paciencia.
  2. Los pies no duelen tanto como parece. Las primeras salidas son para escarmentar. Aun cuando sólo caminamos descalzos, pisar una piedra con alguna arista nos puede hacer ver las estrellas. Cada zancada, cada impacto y cada roca sirven para readaptar un poco más nuestra forma de movernos. Las primeras sensaciones punzantes, el dolor en los metatarsos y la abrasión son captados por una zona del cuerpo que ha pasado prácticamente toda su existencia acolchada y sobreprotegida, vetada a las sensaciones recibidas desde el suelo y privada de responder naturalmente a las mismas. Por suerte, en pocos días los pies aprenden a dejar de quejarse por todo.
  3. El dolor es mi pastor, a nada le temo. Dejando de lado los pies, en el resto del cuerpo la situación es diferente ya que está más adaptado y comprende mejor cuando aparece dolor de verdad. Estoy pensando sobre todo en las tres articulaciones del tren inferior: tobillo, rodilla y cadera. Si duele no hay que aguantar sino corregir. Si algo te duele es porque estás haciendo algo mal y tu cuerpo mediante esa perfeccionada respuesta sensorial llamada dolor te está diciendo que cambies lo que haces así que no seas cabezón.
  4. Es difícil escuchar al cuerpo. Hay una palabra inventada para ello: propriocepción. Tirando de diccionario: es el sentido que informa al organismo de la posición de los músculos, es la capacidad de sentir la posición relativa de partes corporales contiguas. Y esto es misión de cada uno de los músculos y sobre todo del cerebro. En general para el día a día nos basta y nos sobra con el nivel que hemos adquirido pero en condiciones novedosas y sin adaptación previa (como es el caso de correr descalzo) es fácil darse cuenta que quizás también hemos perdido esta capacidad en un grado alto. Lo que podemos percibir como espalda recta puede no tener nada que ver con la realidad. Poner la espalda recta por sensaciones y comprobar el resultado ante el espejo es algo que puede sorprendernos. ¿O acaso nos atrevemos a hacer una voltereta y asegurar que no nos damos con la rodilla en la cara?
  5. La obsesión con la técnica. Sabes que no has de entrar con el talón. Sabes que has detener la espalda recta pero relajada. Sabes que has de llevar la mirada al frente. Sabes que debes flexionar el cuerpo y sentirlo como un muelle. Sabes toda la teoría e intentas ponerla en práctica pero es muy difícil y no llegas a todo a la vez. No somos excesivamente conscientes de nuestro propio cuerpo y de su posición relativa en el espacio. Ejecutar todos los consejos técnicos y encima mantener el cuerpo relajado y que todo fluya de modo natural es un auténtico desafío.
  6. El pie se abre. No como una flor cuando llega la primavera pero casi. En los zapatos tradicionales la punta hace que se compriman los dedos hacia el teórico eje longitudinal del pie a partir del punto donde se encuentran el metatarso con lo que sería el equivalente a la falange en el pie. Es una posición frágil del pie que puede que sea la causa de muchos problemas y lesiones. La tendencia natural del pie es abrirse para abarcar más superficie: los dedos se separan y ganan en fuerza mejorando su postura relativa.
  7. Es imposible sentirse cómodo con zapatillas tradicionales. Una vez empieza la adaptación y ésta es asumida y aceptada por el cuerpo no hay vuelta atrás. Con calzado tradicional los dedos quedan coartados en su movimiento, el talón elevado 3 ó 4 centímetros y calcetín y zapatilla acumulan calor y friccionan entre ellos. De repente otra vez ciego, sordo y mudo de los pies. Piden y buscan sensaciones pero no las encuentran. En mi caso el mal menor ha sido coger zapatillas un número más grande para que los dedos puedan tener cierto juego. O decides dar el cambio de manera definitiva o te resignas a actuar en contra de lo que te resulta más natural y agradable.
  8. La calle es un campo de minas. Hay que concentrarse en esa línea imaginaria del camino que está a unos 50 metros delante de ti y poder mantener la cabeza totalmente recta. Nuestra configuración craneal nos otorga una visión estereoscópica pero deberemos tener también visión periférica y adelantarnos mucho a los obstáculos de la calle porque si bien es cierto que están ahí para ayudarnos a despertar nuestros pies también es cierto que si podemos evitarlos mejor que mejor.
  9. Se acabó el correr con música. Es imposible ir centrado en poner un pie delante de otro, equilibrar perfectamente el peso, pulir la técnica zancada a zancada, no bajar la mirada, sentir la posición y el fluir del cuerpo y además de todo esto escuchar música. Bueno, es posible que puedas llevar música pero muy difícil que puedas concentrarte en ella y mucho menos aun en el papeleo y los marrones de la oficina. Esto es algo bueno o algo malo en función de a quien se lo preguntes. Correr descalzo requiere toda tu atención.
  10. A pesar de la edad aún hay cosas que dan vergüenza. Y es que ir con las zapatillas minimalistas de dedos da un poco de apuro porque son muy diferentes y la gente se fija pero ir descalzo es una invitación a ser tachado de muchas cosas. Es algo contra lo que habrá que luchar o bien ignorar. Se puede intentar hacer algo de pedagogía para que al menos no se ponga en tela de juicio nuestro estado mental o bien se pueden obviar todos los comentarios y miradas. Cierto es que, como en todo, cuantas más veces se hace y cuanta más gente lo practica menos sensación de rareza tiene uno. De momento somos pocos pero no tengo duda de que en breve seremos muchos más.

 

Sobre el autor

Andreu

Andreu

Me llamo Andreu López y soy Licenciado en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte desde hace más de 20 años. Y desde hace 15, preparador físico online. ¿Nos ponemos en forma?

Un comentario

  1. Pesque

    26 de noviembre, 2020 a las 2:10 pm

    Me ha gustado el artículo y me ha hecho recordar mis inicios corriendo descalza-minimalista hace ya bastantes años. Algunas de las cuestiones que planteas ya casi las tenía olvidadas. Pero es bueno recordar que los inicios tienen su complicación por mucho que ahora correr descalza me parezca algo tan intuitivo y natural.

    Sobre los aspectos que comentas hay varios con los que he me identificado especialmente: la obsesión por la técnica, la vergüenza, el miedo a pisar algo en ese campo de minas del que hablas…

    Al final las cosas son más simples de lo que parecen y muchos de los posibles problemas se solucionan simplemente corriendo y haciéndolo DESCALZO. Y lo pongo en mayúsculas porque mucha gente considera que correr descalzo es algo muy difícil a lo que se llega después de mucho trabajo de técnica y yo pienso que precisamente correr descalzo sin más desde el principio es una de las mejores formas de comenzar a trabajar la técnica.

    Otra cosa que me parece importante por las connotaciones que tiene para la vida diaria es lo que indicas sobre que una vez que comienzas dejas de estar cómodo con las zapatillas tradicionales. Para mí la solución es sencilla. Ya no uso zapatillas ni calzado tradicional. Simplemente no me hace bien y además me parece incoherente usar calzado minimalista sólo cuando salgo a correr cuando realmente la mayoría del tiempo estamos haciendo otras cosas que no son correr.

    Un saludo.

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