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Correr descalzo. Aspectos a tener en cuenta

Correr descalzo. Aspectos a tener en cuenta

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Cuando empiezas a tomarte en serio la posibilidad de correr descalzo y te aproximas al tema ya bien sea usando calzado minimalista, realizando ejercicios de acondicionamiento muscular o directamente saliendo a practicarlo, vives situaciones nuevas y percibes sensaciones diferentes que no siempre surgen ni llegan desde los pies.

Hay que contextualizar que el hecho de tener la voluntad de despertar los pies implica cierto grado de soledad, reflexión y aprendizaje. Soledad porque es un ejercicio de redescubrimientoy reeducación personal que nadie puede hacer por ti y que, por suerte o por desgracia, funciona en gran medida por sensaciones. Aprendizaje porque es una técnica que hemos descuidado y olvidado hasta el punto de sólo recordarla por nuestra herencia genética. Y reflexión porque por mucho que lees y teorizas sobre ello tienes que asimilarlo y adaptarlo en base a tu propia condición física, a tu experiencia y a tu cuerpo.

Hace un tiempo Jason de The Running Barefoot redactó un artículo titulado Algunas verdades tabú sobre correr descalzo (Some Taboo Truths About Barefoot Running). Me sentí muy identificado con algunas de ellas así que las juntaré con otras experiencias propias y sin ningún orden en particular. Además no están todas las que son y voluntariamente he dejado temas y aspectos sin comentar para hacer de este artículo nuestro paño de lágrimas grupal.

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Las zapatilla sin tacón. ¿Minimalismo?

Las zapatilla sin tacón. ¿Minimalismo?

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La industria deportiva vuelve a ir en sentido contrario. Y lo acaba de demostrar con estas zapatillas sin tacón. Zapatillas para runners o corredores, para “obligarles” a correr con una buena técnica. Esta zapatilla deportiva la ha fabricado la start-up española FBR, después de observar la técnica de carrera de los keniatas.

Los que nos dedicamos un poco a esto, sabemos que muchos de los problemas que tienen los corredores amateurs (y no tan amateurs), es la técnica a la hora de pisar. Una mala técnica, es fuente de lesiones a medio y largo plazo.

Podemos hacer la prueba nosotros mismos: correr lento, hacer un sprint, correr descalzos, correr calzados… y veremos como no pisamos de la misma forma según estas variables.

Uno de los problemas de los corredores en cuanto a técnica se refiere es entrar de talón. Sobrecargando así, la parte posterior de la pierna (isquios, gemelos, glúteos y de paso la zona lumbar). Así pues, cuando corremos deberíamos procurar entrar más con la parte delantera del pie.

Si andamos descalzos o trotamos un poco sobre la hierba o arena o incluso estando calzados hacemos un pequeño sprint, veremos como la tendencia es entrar siempre con la parte delantera del pie. Esta es la forma natural de los humanos de correr y desplazarse.

Pero la industria de la zapatilla deportiva, por culpa de las zapas que todos conocemos, con sus colorines, amortiguaciones… ha hecho que el corredor se sienta más cómodo recostando el peso hacia atrás y entrando así por la parte del talón, provocando multitud de lesiones y problemas articulares y musculares.

Estas zapatillas de FBR, al no tener tacón, nos obligan sí o sí, a entrar de puntera. Pero eso es peligroso, sobre todo si llevamos años corriendo de otra forma. No nos podemos calzar estas zapatillas si antes no hemos hecho una transición. No vamos a saber correr con ellas y (os aseguro que será así), nos lesionaremos. No por el hecho de calzarnos estas zapas ya correremos técnicamente bien de forma automática. Seguro que tenemos muchos vicios adquiridos, así que como digo, antes habrá que hacer una adaptación.

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Beneficios de correr descalzo

Beneficios de correr descalzo

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A medida que van pasando los años, se está viendo que el mundo del fitness, de la alimentación, vuelve a sus orígenes: comer de forma evolutiva, ejercicios funcionales… y aquí entra también el concepto de ir o correr descalzo o con un calzado sin amortiguación.

En la Universidad de Harvard realizaron un estudio sobre las diferencias entre correr descalzo y correr con zapatillas con una buena amortiguación. Dicho estudio ha fue publicado en la prestigiosa revista Nature, y se ha observado que la principal diferencia está en el apoyo inicial. Un 75% de las personas que corren con zapatillas realizan un apoyo inicial con el talón, mientras que al correr descalzo realizamos un apoyo inicial con el metatarso (o parte anterior del pie).

10 razones para ir descalzo

Daniel Liberman de la Harvard University ha descrito 10 razones por las que recomienda correr descalzo:

1. Conexión: asegura que correr descalzo potencia la experiencia de correr. Según él te “conectas” con el suelo.
2. Consciencia corporal: asegura que correr descalzo te hace mas ligero y no golpeas inútilmente tus rodillas o tus tobillos.
3. Mejora del impacto: se deja de golpear el talón con cada impacto, favoreciendo que se realice en el centro o parte anterior del pie. Se redistribuye el impacto y se deja de concentrar en el talón.
4. Mejora de la postura: el contacto del pie con el suelo ejerce una retro-alimentación que mejora la postura constantemente, evitando coger postura débiles cuando corremos que pueden ocasionar lesiones de espalda, una peor ventilación…
5. Mayor libertad: correr con los pies descalzos, sin estar envueltos de calcetines o zapatos, te permite experimentar una sensación de libertad olvidada, ya que sientes el aire en cada zancada.
6. Atención plena: para los que correr les resulta aburrido, correr descalzo requiere una gran atención y conexión con uno mismo, evitando que tu cabeza desvíe la atención hacia otros temas.
7. Menor estrés para tus rodillas y tobillos: algunos estudios demuestran que correr descalzo provoca menos impacto en nuestras articulaciones.
8. Fortalece los pies: el uso de zapatos debilita el pie, tanto la piel cómo la musculatura perdiendo fuerza de los músculos intrínsecos del pie.
9. Es divertido: te conecta con el niño que llevamos dentro y nos hace viajar en el tiempo cuando nuestros padres nos permitían ir descalzos… si es que nos lo permitían.
10. Ahorra dinero: ésta es la razón más clara y con menos debate. Todos los que corremos con asiduidad sabemos el elevado precio de tener unas buenas zapatillas de running. Evidentemente, correr descalzo no tiene éste gasto.

http://celestinechua.com/blog/2010/05/10-reasons-to-go-barefoot-running/

Evidentemente, correr descalzo requiere una progresión inevitable si no queremos lastimar nuestros pies. Algunas páginas web, recomiendan un evolución de 10 pasos, que van desde empezar a andar descalzo por hierba hasta correr descalzo por la cinta del gimnasio.

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21 Días con calzado minimalista (Semana II)

21 Días con calzado minimalista (Semana II)

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Esta es la segunda semana de una serie de tres (primera semana) en las que mi intención es adaptarme a una nueva forma de caminar y correr. Para ello he sustituido mi calzado tradicional por calzado minimalista a la hora de realizar todas las actividades cotidianas. El propósito es incorporar en el día a día de la manera más imperceptible el fortalecimiento de la musculatura necesaria para este nuevo proceder biomecánico. A pesar de tratarse del comportamiento lógico y natural del cuerpo por su diseño las dos últimas generaciones lo hemos ido evitando y olvidando al usar un calzado excesivamente amortiguador.

Realmente las sensaciones son muy diferentes sin que ello signifique que el cambio es traumático. A día de hoy considero que ha sido un acierto plantearlo de este modo ya que es la manera más progresiva y natural. No voy a negar que, a veces, cuando estoy sacando al perro, empiezo a mirar el suelo con ojos golositos y me pregunto qué se sentirá al caminar completamente descalzo. Tener los pies separados del suelo por cinco centímetros de goma te aísla y te incapacita para sentir lo que te quieren transmitir. Unos pocos milímetros te abren los ojos a la antesala de un nuevo elenco de sensaciones. Y el tiempo de los paseos parece acortarse mientras pienso en todo lo que aun me estoy perdiendo: temperatura, profundidad, charcos, presión, relieve, rugosidad, hierba, tierra, arena… Todas las superficies se presentan como pequeños retos con sus propias características y peculiaridades. Igual que un bebé que despierta a la vida siento que me estoy volviendo muy curioso.

Bajando a un nivel menos metafísico y mucho más práctico y terrenal tengo que confesar que calzarse las zapatillas sigue siendo algo complicado (más el pie izquierdo que el derecho) pero se va viendo algún progreso: ya no se me duermen los dedos al llevarlas puestas.
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21 Días con calzado minimalista (Semana I)

21 Días con calzado minimalista (Semana I)

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Cuando uno empieza a entusiasmarse con esto de correr descalzo corre el peligro de querer hacer demasiadas cosas y demasiado rápido pudiendo convertir las buenas intenciones y la ilusión en un proceso traumático y desmoralizador.

Entendiendo que se trata de una reeducación física a muchos niveles y teniendo muy interiorizado que cualquier hábito tarda 21 días en incorporarse a la disciplina personal me plantee cómo podría atacar este pequeño desafío con el mayor pragmatismo sin por ello tener que retener mis ansias de empezar a practicarlo inmediatamente.

Lo más sencillo hubiera sido lanzar las zapatillas por la ventana y salir descalzo a la calle pero, como estoy seguro de que podéis intuir, eso implica un gran número de inconvenientes. Lo más cercano (a mi entender) a correr descalzo son las zapatillas minimalistas. La elección de marca y modelo vino muy condicionada por la dificultad de encontrar tiendas físicas en las que vendan este tipo de calzado pero también por un factor que para mí fue decisivo: los bolsillos para dedos del pie de las Vibram Five Fingers.
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Qué me impulsa a correr descalzo

Qué me impulsa a correr descalzo

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Mi historia no es muy diferente a la de tantos otros que pasáis por aquí. De hecho seguro que cuando leáis los próximos párrafos os sentiréis en algún punto que otro bastante identificados. Mi perfil como deportista responde perfectamente a esa palabra que hemos adoptada del francés como si fuera nuestra: amateur. Principiante, aficionado, muy por detrás de los registros de las bestias pardas que frecuentan este blog y muy cercano a ese atleta popular que aparece en las carreras de cinco y diez kilómetros los domingos por la mañana.

Mi historial deportivo siempre ha ido muy ligado al baloncesto a pesar de haberme quedado clavado desde hace bastantes años en el 1,73m. He tenido algún escarceo con el fútbol más o menos serio y he jugado casi cualquier cosa que implique tener una raqueta en la mano. Para mí el deporte no se entendía sin una pelota o un equipo al que pertenecer y otro contra el que competir. Pero, como comentaba, una genética no excesivamente idónea para la práctica del baloncesto me hizo desistir hace ya años de intentar ir más allá y, como casi todos, acabé apuntándome a un gimnasio ya que parecía la única forma de mantenerse en forma pasada la adolescencia. En mi primera etapa encontré un gran profesional que me asesoró y me enseñó como nadie ha sabido hacerlo desde entonces y por ello he acabado muy desangelado de esa pretendida salud enlatada que venden las grandes cadenas de gimnasios.

Sin baloncesto, sin gimnasio, sin deporte.
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