Sistema inmune: alergia primaveral y nutrición

Sistema inmune: alergia primaveral y nutrición

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El sistema inmunológico, al que conocemos como «las defensas», es el sistema que contribuye a la integridad del organismo. Una de sus funciones más conocidas es  protegernos de  microorganismos patógenos y evitar la colonización de virus y bacterias. El sistema inmune se organiza en diferentes niveles:

Barreras Biológicas

A través de las barreras biológicas nos comunicamos con el medio externo y forman la primera barrera de defensa contra el medio externo. La piel, el intestino, los pulmones, las amígdalas, los oídos, el sistema uro-genital…todos ellos están recubiertos de unas bacterias (flora bacteriana) que compiten contra microorganismos patógenos, cuidan y reparan la mucosa, producen sustancias antibacterianas, etc. El intestino tiene 300m2 de superficie de contacto con el exterior y acumula el 80% de las defensas corporales (la piel tiene unos 2.4m2 de superficie y sólo acumula el 5% de las defensas totales).

Según Cummings et. al (2006), existe una interrelación entre las patologías de las diferentes mucosas, mediante un sistema llamado Common Mucosal Immune System (CMIS), por lo que unas otitis, amigdalitits, rinitis…o alergias primaverales, de repetición, pueden ser debido a un problema en éste sistema, siendo necesario, en la mayoría de los casos, mejorar el funcionamiento del sistemas digestivo como tratamiento principal, mediante la modificación de la nutrición.

 

Sistema innato y sistema adaptativo

El sistema innato es la segunda línea de defensa de nuestro organismo. Tiene una actividad inespecífica, sin memoria, rápida, natural contra todo aquello que logra superar la primera barrera de defensa. Es el sistema encargado de «comerse» (fagocitar) todo aquello que pasa la barrera biológica y que reconoce como extraño. Su función es actuar, pero también presentar «el desconocido» al sistema adaptativo (el hermano mayor fuerte, el que produce la fiebre).

El sistema adaptativo es la tercera línea de defensa del sistema inmune. Es el encargado de «eliminar» literalmente el patógeno mediante la actividad del sistema inmune. Éste sistema tiene memoria, por lo que cada vez que entre un patógeno con características similares lo reconocerá y lo atacará, y tiene un funcionamiento mas lento que el innato.

¿Por qué una persona tiene alergia al polen y otra no? Porque su sistema inmune reconoció el polen como un elemento patógeno en algún momento de su vida, y, en principio, mientras siga persistiendo el contacto con el polen, seguirá produciéndose alergia, a menos que su primera barrera de defensa evite «el contacto» del polen con el sistema inmune, o se produzca una modulación de la «presentación» entre el sistema innato y el adaptativo (los dos procesos muy influenciables por la nutrición).

Alergia primaveral y nutrición

Muchos son los deportistas que en primavera se ven obligados a reducir su actividad física por un aumento de los síntomas alérgicos. La alergia al polen, a las gramíneas, o a los ácaros son algunos de los ejemplos más habituales. En la mayoría de los casos se reflejan con un reacción histamínica (se libera mucha histamina): moqueo constante o al levantarse, ojos lloroso, «ronchas» en la piel, estornudos, etc. En analítica se reflejan casi siempre con niveles elevados de eosinófilos, de IgE y niveles bajos de hierro.

Mediante la nutrición se pueden mejorar los síntomas alérgicos:

  • Reducir los cereales: la presencia de saponinas y lectinas, hace de los cereales un perfecto «agresor» de la barrera intestinal (Cordain et. al, 1999). Además, el gluten los convierte en un alimento altamente alergénico. Los cereales con efecto «menos negativo» en el sistema inmune son el arroz y el mijo (tienen menos gluten, y digestivamente sientan bien).
  • Reducir las legumbres: al igual que los cereales, las legumbres son ricas en saponinas y lectinas, por lo que si se sufre alergia reducirlas al mínimo puede ser una buena opción. Es especialmente importante que las reduzcas si al comerlas te producen síntomas digestivos: gases, pesadez, etc.
  • Reducir los lácteos: la caseína, que es una proteína láctea, se relaciona en algunas publicaciones con la aparición de alergias y problemas inmunes. Aunque las evidencias son confusas, si sufres alergias crónicas la reducción de los lácteos puede ser un salto cualitativo muy importante, sobretodo hasta que tu sistema digestivo e inmune no esté bien del todo. Una vez el tratamiento está avanzado, si se quieren tomar lácteos, bajo mi punto de vista, la mejor opción son los ricos de grasa (menor cantidad de caseínas) o los curados (menos lactosa), sobretodo si proceden de la cabra o la oveja.
  • Come gran cantidad de proteínas: el epitelio intestinal se alimenta, literalmente, de glutamina, un aminoácido presente principalmente en las carnes y los huevos. Aportar las suficientes proteínas es imprescindible para una óptima salud intestinal (Basuroy et al., 2005). Especialmente interesante parecer ser el pescado azul, ya que en numerosas publicaciones se han atribuido efectos moduladores del sistema inmune al omega-3 (Simopoulos et al, 2006).
  • Tomar el Sol: una vez más, la vitamina D influye en el proceso alérgico. Es una protectora de la primera barrera y modula la presentación de «patógenos» del sistema innato al adaptativo, por lo que evita reacciones desproporcionadas a elementos del entorno. También se puede suplementar con vitamina D3.
  • Aporta vitaminas y minerales: aunque no soy muy partidario de la toma de grandes cantidades de antioxidantes, se han demostrado efectos positivos sobre las uniones entres las células de las mucosas, de la vitamina C  y del betacaroteno (Stahl W et. al, 1998)  (hierbajos, perejil, verduras, frutas…), efectos moduladores del sistema inmune del zinc o el selenio (principalmente presente en los productos del mar: algas, pescado, marisco…), etc. Es especialmente útil la toma de suficiente aminoácidos azufrados y derivados con la ingesta de tubérculos como las cebollas, los puerros, las cebollas verdes, etc.
  • Utiliza «hierbajos» para aliñar o cocinar tus platos: la utilización de plantas con efecto antibacteriano puede favorecer un correcto funcionamiento del sistema inmune: tomillo, romero, albahaca, jengibre, cúrcuma, etc. También es muy interesante el consumo de coco, ya que es rico en ácido caprílico con un demostrado  efecto antibacteriano.

En principio, la nutrición puede ser una herramienta muy potente para cuidar el sistema inmune y las barreras de defensa y así evitar la reacción desproporcionada al polen o cualquier otro elemento habitual. Evidentemente no es cosa «de hoy para mañana» ya que la nutrición ejerce un efecto regenerador, y es tiempo dependiente. Mediante los consejos de un profesional, se puede utilizar la suplementación como herramienta para acelerar y reforzar el proceso.

Sobre el autor

Andreu

Andreu

Me llamo Andreu López y soy Licenciado en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte. Pionero en los entrenamientos personales online en España. ¿Nos ponemos en forma? www.preparadorfisicoonline.com

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